Dolor y Gloria, de Pedro Almodóvar


Preciosa película aunque con un halo de tristeza, de un Pedro Almodóvar en su madurez, con personajes maduros también, más sosegados, más contenidos, menos histriónicos que en otras cintas, cosa que se agradece, pero con la estética de siempre, colorista y moderna. Nadie como Pedro puede llevar con esa clase una cazadora de cuero verde manzana y hacer que una cocina resulte acogedora en rojo y azul!!! Que Almodovar es un esteta no hay quien lo dude, un poeta de la creación audiovisual, un Leguina o un Aute del cine, pura estética de artista y cineasta.

La película nos cuenta la vida de un director de cine de éxito en su declive, Salvador Mallo, un hombre no diría atormentado, pero sí desanimado por sus achaques de salud y por su ocaso profesional. Apenas escribe, hace tiempo que no rueda y siente un vacío grande en su vida. La historia nos acerca también, a través de flashbacks a su infancia y juventud, a su familia, en especial a su madre, y a algunos de sus vaivenes sentimentales.

El trabajo de Antonio Banderas es excepcional, este hombre gana con los años, también en sus actuaciones, y Penélope Cruz también está bien en el papel de madre del director. Destaca también la participación de Cecilia Roth, Leonardo Sbaraglia, Asier Etxeandia y Eva González, gran sorpresa encontrarme en la cinta a mi amiga, y comprobar que se ha colado en una peli de Almodóvar, aunque sea con un papel muy breve.

Es inevitable pensar en el texto como autobiográfico, no me cabe duda que en gran medida lo es, hasta el pelo alborotado y fuerte de Banderas recuerda al del propio Pedro. Ocurre con los grandes creadores, que no pueden deslindar su vida de su obra, y que ambas, realidad y ficción, se alimentan recíprocamente. Woody Allen es un claro ejemplo de esto.

Destaca también la música del veterano Alberto Iglesias, composiciones de violín, piano y flauta, unas notas medio estridentes que sin embargo encajan perfectamente. Y otro gran acierto, el de la estrella del momento, Rosalia, cantando “A tu vera”.

El manejo y dominio de recursos cinematográficos es incontestable, con tomas visuales de una belleza indiscutible, como la escena del interior de la piscina o el dibujo del pintor, y sus giros y cambios de secuencias perfectos hacen que el flashback resulte un salto casi natural, que nunca pierde el ritmo.

Acabo con una frase de Oti Rodríguez Marchante en Abc con la que coincido totalmente. “Un profundo testimonio personal y artístico, y en buena sintonía con su depurado estilo y con enorme elegancia formal (e informal).”

Le deseo un gran éxito en el Festival de Cine de Cannes este verano, donde tiene muchas posibilidades de llevarse la Concha de Oro. 108 minutos para no perderse al mejor Almodovar, entre “La ley del deseo” y “Todo sobre mi madre”. Su particular versión de “Sonrisas y lagrimas”, es este “Dolor y Gloria”, la vida misma.

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