Bridget Jones’ baby! 


Bridget Jones (Renée Zellweger) ha entrado en la edad adulta, en la década de los 40. Está asentada en su trabajo de productora de TV, ha adelgazado hasta lograr su peso ideal y no sale tanto como antes. Ya no comete los mismos errores; ahora comete otros nuevos.

Por eso tiene una aventura con un guapo desconocido en un festival de música (Patrick Demsey) y un reencuentro apasionado con su antiguo novio Mark (Colin Firth). Como resultado, se ha quedado embarazada, un embarazo sorpresa aunque deseado. Ahora bien, ¿cómo saber cuál de los dos es el padre? El dilema está servido.
Sea como sea, la joven londinense no ha cambiado tanto, solo se ha hecho mayor, y ha llegado a esa edad en la que aunque no quieras, debes asumir responsabilidades. “Esto va en serio”, dice en un par de ocasiones. Y es que la vida te pone en tesituras donde “ya no hay marcha atrás”. Sin embargo, este inesperado embarazo de Bridget hace plantearse la vida de otra manera a todos los que lo viven de cerca.

El contrapunto lo ponen la madre de Bridget y la divertida médico que le lleva el embarazo (Emma Thomson), que además es coguionista de esta tercera parte. Y habrá una cuarta, a tenor de algún cabo suelto que se lanza hacia el final de la película sobre su otro ex novio y jefe, Hugh Grant.

Si las dos primeras entregas tenían bastante de alocadas, esta tercera destaca por las escenas divertidas y sorprendentes, y de nuevo la gran banda sonora con la elección unas canciones motivantes y nostálgicas según el momento, son todo un acierto. Cuenta además con la aparición estelar del cantante pelirrojo Ed Sheeran, que se interpreta a sí mismo.

El embarazo de Bridget (una Renée que nos asustó desfigurada con kilos de bótox, pero que mantiene su cara y arrugas) , aún en la caótica vida que lleva, resulta toda una alegría, tanto para ella como para los dos posible padres, y ambos lo asumen con gran sorpresa primero y como una oportunidad de entregarse después. Ofrece un punto de ternura, sensibilidad y sensatez. No se plantea en ningún momento la opción del aborto, algo que se agradece, y la cinta resulta un canto a la maternidad. La amniocentesis sale muy mal parada, esa prueba que debería desaparecer y quedar totalmente sustituida por analíticas o pruebas menos agresivas. Y la maternidad aparece como el lugar idóneo para que una chica como ella asiente la cabeza. Pero antes tendrá que averiguar quién es el padre de su hijo, y sobre todo, con cuál de los dos está dispuesta a formar una familia. Se admiten apuestas.


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