Café Society, de Woody Allen 


Woody Allen lo ha vuelto a hacer. Ha volcado su enorme maestría y larga experiencia en esta nueva película, una entretenida y amable crónica de la alta sociedad de los años 30 en Los Ángeles y Nueva York

Bobby (Jesse Eisenberg) es un humilde joven que llega a Los Ángeles para buscarse la vida en Hollywood. Ahí vive su tío Phil (Steve Carrel), un representante de actores de gran éxito que se codea con las celebrities, y le ofrece una oportunidad para trabajar en su agencia. 

Es ahí donde cae rendido ante la belleza de Vonny (Kristen Stewart), una joven que trabaja también para su tío, aunque ella le confiesa que tiene novio. El enredo sentimental está servido. 

Woody muestra lo mejor de su cine a través de Bobby, este personaje con apariencia frágil pero desenvuelto, que representa el papel que Allen ha personificado tantas veces en sus obras. Solo le falta el carácter neurótico y enfermizo que suele utilizar con clara vis cómica. Bobby ensambla con genialidad los mundos dispares que se describen: de una familia humilde al lujo y glamour de los famosos, de la sencillez y autenticidad a la superficialidad y vacuidad de lo pomposo, del judaísmo por nacimiento al cristianismo por elección, en unas tramas enriquecidas por los secundarios, donde no faltan el gánster, el cura y el bebe por sorpresa. 

Sin embargo, huye en esta ocasión del drama profundo y del vacío existencial. El sentido del amor sigue siendo puramente sentimental, caprichoso, alejado de toda racionalidad, y el sentido de la vida se reduce a lo que haremos mañana, aunque hay alusión clara al atractivo del cristianismo por ofrecer una vida después de la muerte. 

La dualidad entre lo fausto de Los Ángeles y lo genuino de Nueva York se remonta a Annie Hall (1977), donde el protagonista (el propio Allen) regresa a Nueva York dejando ahí a su amada (Diane Keaton). Este marco le ofrece la oportunidad de retratar de nuevo la belleza de la ciudad de origen de este director emblemático. 

Sorprende el dominio del lenguaje audiovisual, con una economia de recursos que ilustran de tal modo que hacen innecesaria cualquier explicación: la primera imagen del gánster tiene lugar en un despacho vaciando un maletín lleno de fajos de billetes, y el primer asesinato muestra un cadáver en el suelo con la raya blanca que lo rodea, como no podía ser de otra manera. Sin embargo, estos recursos obvios resultan de lo más naturales en el lenguaje de Allen. Los escenarios y diálogos también son clásicos que Allen repite una y otra vez: conversaciones en fiestas lujosas, comidas familiares alrededor de la mesa y citas románticas en su apartamento, tras ir al cine o a dar un paseo por Central Park.

Allen no deja de hacer su particular homenaje al mundo del jazz y a algunas grandes estrellas de la época, en la que se siente como en casa: Ginger Rogers, Greta Garbo, Billy Wilder, Howard Hawks o Spencer Tracy son solo algunas figuras del Star System de Hollywood que menciona.

En fin, una delicia seguir la doble trama de “Cafe Society”, con los progresos profesionales y sentimentales de este joven, que nos llevan a disfrutar además de sus mundos y de la gente que le rodea, gracias a un casting coral rico y bien contextualizado. 

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