Del revés (Inside Out)


 

De qué color es el miedo? Y la felicidad? Estas preguntas me hacía mi sobrina de camino al cine para ver “Del Revés”, la película de animación sobre los sentimientos. Todo el mundo habla bien de ella, la última producción de Disney Pixar, así que no podía faltar en estas vacaciones. Nos cuenta la historia de Riley Anderson, una niña desde que nace hasta que con 11 años se traslada a vivir a San Francisco junto a sus padres. 

 Ahí comienza ahí una nueva vida, nuevo colegio y nuevos amigos, pero el cambio le resulta un poco traumático, ya que echa de menos su vida en Minessota. Durante su vida y en especial esta etapa de transición, pasa por diferentes estados de ánimo: alegría, tristeza, miedo, ira, y asco, sentimientos que se convierten en los verdaderos protagonistas, los que tienen que meterse en la vida de la niña y hacer que sea feliz.

Muy bien traídos a cuento los pabellones del “Cuartel General” de las emociones, como metáfora de los cimientos de una vida feliz y sana: la familia, los amigos, las aficiones (hockey sobre hielo en este caso), las risas y los momentos entrañables de la infancia que nunca olvidaremos. Pero para que no se desmoronen, Riley debe cuidar cada uno de ellos. Toda una lección de vida para niños y no tan niños. 

Entre los sentimientos, que son personajes en sí mismos, destaca la alegría como motor de vida, como actitud positiva para progresar, y la tristeza se relaciona con la falta de autoestima, la inseguridad y la torpeza. La ira nos amarga, pero también nos da fuerza y empuje en determinados momentos, el asco de reduce a la comida, en concreto el brocoli, y el miedo está poco desarrollado para la enorme capacidad que tiene de parálisis.  

No son sentimientos básicos, hay muchos más que influyen en nuestra vida, pero sí tal vez los más infantiles. Hay instintos primarios, el hambre, el sueño,y  otros más sofisticados como la incertidumbre, la codicia o la envidia. 

Es cuestión de saberlos manejar y que en ningún momento nos dominen. También se trata de aprender a vivir con ellos, y permitirse estar triste de vez en cuando, como parte normal de todo proceso de crecimiento. Una buena película, si señor, donde todos nos veremos representados a través de las emociones universales. 

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