Vivir sin parar


Vivir sin parar cartelVivir sin parar su suma al listado de historias cinematográficas sobre la tercera edad del tipo “Elsa y Fred”, “El hijo de la novia” o “Amor”, sobre la difícil tarea de envejecer, de asumir que ya no sirves para lo que hacías, de sentirte fuera de la sociedad y sobre todo, de qué hacer al respecto. Esta película alemana nos cuenta la vida de Paul y su esposa Margot, ya viejitos, una historia de superación llena de ternura.

Paul Averhoff (Dieter Hallervorden) fue una leyenda como corredor de maratón, incluso ganó la medalla de oro en las Olimpiadas de Melbourne en 1956, y Margot (Tatja Seibt) siempre ha sido su entrenadora y su mayor apoyo. Ahora se ven abocados a vivir en una residencia, un hogar para ancianos, donde la encargada vive amargada y sólo les transmite pensamientos desalentadores. Hartos de ese ambiente, de la falta de ideales, Paul comienza a entrenar de nuevo para correr la maratón de Berlín.

Foto 11 VIVIR SIN PARAR (Alta)Lo que a todos parece una locura a su edad, le sirve de escape, y tener un gran objetivo y el trabajo que supone les devuelves la ilusión y las ganas de vivir. “Adelante, siempre adelante” y “No rendirse nunca” serían buenos lemas de esta película alemana escrita y dirigida por Kilian Riedhof.

Toca además varios temas de un modo muy realista, muy cercano: nuestros mayores en las residencias, la importancia de la familia y los amigos, la situación de la hija única, interpretado por la bella Heike Makatsch con sentimientos encontrados; por un lado de culpa por no atender mejor a sus padres y al mismo tiempo de presión que que le afecta a su vida cotidiana.

foto-vivir-sin-parar-9-903-2Por qué Sí la recomiendo: a pesar de tratar un tema duro, nos acerca a una realidad que todos vamos a tener que afrontar, la vejez de nuestros padres y la propia. Además lo hace con gran sensibilidad pero sin caer en lo ñoño, el cariño que se tienen los viejitos, la maravilla de quererse hasta el final, el apoyo incondicional y el afán de superación.  También destaco el papel de la hija, su búsqueda del amor verdadero, difícil de encontrar con los valores libertarios de hoy en día y el valor de la amistad.

Por qué no la recomiendo: porque tiene un aroma nostálgico, triste, de acercamiento a una muerte sin esperanza, aunque el ritmo va in crescendo. Cinematográficamente le falta bastante para ser una gran obra. El ritmo es muy irregular, a ratos muy lento y reiterativo y luego en pocos minutos pasan demasiadas cosas sin explicar, como si le faltara un repaso al guión. Algunos personajes rozan lo maniqueo, con posturas muy rígidas y poco creíbles, como la responsable de las actividades en la residencia. Muestra una confusión muy grande entre una persona mayor y lo que pueden ser sus manías, con la locura diagnosticada, fruto de una sociedad neurotizada. El final es muy metafórico, se despega de la realidad para ilustrarnos con escenas soñadas y a mi gusto se excede con la cámara lenta y con música para provocar emociones.

Pese a todo lo anterior, el mensaje de la película es claramente esperanzador: la juventud está en la ilusión y nunca es tarde para fijarse grandes objetivos, por ambiciosos y locos que puedan parecer. Os dejo el trailer para que cada uno valore si le apetece verla o no.

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