Todo lo que era sólido


En la pasada feria del libro del Retiro compré el último trabajo de Muñoz Molina, Premio Príncipe de Asturias 2013, y aunque no es de mis favoritos, pensé que sería una lectura interesante.

Desde el punto de vista literario es sobresaliente, un ensayo compuesto por muchos ensayos breves, coletazos de recuerdos o descripciones, relatos o ensayos, siempre ofreciendo una primera impresión, una imagen superficial, nunca entrando en la profundidad de los temas ni analizando las causas ni los orígenes.

La escritura destaca ante las ideas, un tanto manidas: la crisis económica y moral, la burbuja inmobiliaria, la cultura del pelotazo, mucho dinero con poco esfuerzo, la administración politizada y el favoritismo de los serviles por encima de los eficaces, donde el trabajo fértil y bien hecho carece de importancia.

Y luego comienza a narrar desde más atrás: desde el franquismo y su represión hasta la conquista de una libertad tan esperada, pasando por la transición y los nacionalismos hasta llegar a la actual época democrática.

Más tópicos: la derecha y su relación con la iglesia, la izquierda y su relación con los nacionalismos, la falta de racionalidad, la incoherencia del discurso, la democratización de los comunistas, la enseñanza pública, la privada, las costumbres religiosas como parte de la cultura e idiosincrasia de nuestro país, el afán por remarcar la diferencia…

Pretende ser una invitación a la reflexión y a la acción civil, un alegato contra la injusticia y la inconsciencia de muchos, en clave progresista, no exenta de ironía y cierta acidez. Podría compararse con la versión moderada de José Luis Sampedro en “¡Indignaos!” invitando a la rebelión del 15M.

El marido de la creadora de Manolito Gafotas aporta poco en esta ocasión, sólo unos apuntes literarios de lo ya requete-sabido. Mucho más flojo que Vicente Verdú en su “planeta Americano” y por supuesto muy lejos de los análisis del francés Baudrillard sobre la sociedad de consumo y la hiperrealidad. Aunque P. J. Ramírez lo mencione en su editorial dominical, esperaba algo más de este ensayo de este príncipe monárquico, cuyo título resulta tan evocador.

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