El dictador (The dictator)


La película El dictador estaba de promoción en Londres hace un mes, y empapelaba las paredes del metro de PicadillyLarry Charles dirigió Borat y Bruno, dos comedias provocadoras donde nadie se libra de la burla, y vuelve ahora con una parodia sobre el dictador Sadam Hussein. El inglés Sacha Baron Cohen vuelve a ser el protagonista, además de guionista y productor. Tiene dos precedentes claros en la temática y el tratamiento cómico: El gran dictador, de Charles Chaplin (1940) y Bananas (1971) de Woody Allen, pero nada que ver con la altura y calidad de las dos primeras.

Es una parodia total divertida y ordinaria sobre el General Aladeen, dictador y líder supremo del estado de Wadiya,  un país árabe figurado al norte de África. Este tirano se jacta de eliminar a quien no le gusta y de crear la bomba nuclear más potente del mundo. Sin embargo, se niega a que la ONU entre en su país para revisarlo, y viaja a Nueva York a solucionar sus problemas con las Naciones Unidas.

Al principio gana la parte divertida, pero según va avanzando la historia, hay tanto humor escatológico, tantos chistes verdes y marrones salidos de tono, que va pesando más el mal gusto. Y es que esta parodia va más allá de una mera crítica ácida al sistema dictatorial y también al capitalista. Hay temas demasiado serios como para reducirlos a estereotipos culturales y llevarlos hasta el absurdo, sobre todo con la que está cayendo con la primavera árabe. Los crímenes contra la humanidad, los asesinatos indiscriminados, el reparto injusto de la riqueza, el genocidio y el aborto no se pueden tomar con tanta ligereza y vulgaridad. Y mucho menos hacerlo con mal gusto.

Por tanto, no me parece una película recomendable, sales del cine con mal sabor de boca. Su estreno en los cines de España está previsto para el 13 de Julio, distribuida por Paramount.

Además, la proyección para periodistas ha sido realmente incómoda. La sala de proyecciones de Paramount tiene 40 butacas, de las cuales no estaban ocupadas ni la mitad, seríamos unas 20 personas viendo la película. Para evitar grabaciones previas al estreno, esta vez no nos han cacheado ni obligado a dejar los móviles a la entrada, previa cesión del DNI. Esta vez habían contratado a un hombre espía, que dentro de la sala estaba permanentemente mirándonos con una especie de prismáticos, que imagino que pueden ver en la oscuridad de la sala, con una luz roja que se encendía cuando nos estaba enfocando, a 2 o 3 metros de distancia y de un modo realmente perturbador. Su trabajo es vigilar que nosotros no grabemos la película con el móvil o con ningún otro dispositivo, pero realmente creo que está violando nuestra intimidad hasta un punto intimidatorio.

Eso sí, luego te “obligan” a rellenar una hoja dando tu opinión sobre la película, Y si fuera anónima, se podrían decir cosas, pero tienes que escribir el nombre y el medio donde vas a publicar. Por tanto bastante incómodo y bastante desafortunado el trato de Paramount a los periodistas. Esperamos que en la próxima nos traten mejor, en el plano profesional y también con más educación.

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