La Reforma de la Constitución. ¿Necesaria y urgente?


La reforma exprés de la Constitución me tiene loca. No doy crédito a lo que se vota hoy en el Parlamento. Conceptos como “reforma exprés” y “constitución” se me antojan casi antagónicos. Pero vayamos por partes:

El objetivo es limitar el nivel de endeudamiento de las Administraciones Públicas. El método, la reforma de la Constitución. En principio parece que modificar algo sustancial por un tema tan coyuntural resulta inexplicable, totalmente desproporcionado. Más bien parece que el objetivo real es cambiar la Carta Magna y el endeudamiento sólo una excusa, confundiendo los medios con los fines.

Reformar la Constitución supone abrir la Caja de Pandora, y claro, ir “pa ná” es tontería. Ya puestos, habría que cambiar la ley electoral, reducir drásticamente el número de cargos públicos, asesores, funcionarios, liberados sindicales, escoltas, dietas y coches oficiales. Y por qué no hablar de la separación del País Vasco de España, pero hablemos todos los españoles. Ah, y ya puestos, podemos derogar la ley Sálica y así puede reinar la infanta Elena. Pobre Letizia, con lo que se lo está “currando”.

Ahora en serio, a priori no estoy en contra, no me asustan los cambios, son una manera  de progresar, y rectificar es de sabios, pero me horroriza esta falta de debate y transparencia, esta nocturnidad y alevosía, con un acuerdo in extremis entre los dos partidos mayoritarios que nadie ha sabido explicar. Convocar un referéndum no es obligatorio pero sería una buena medida, al menos para generar debate, para enterarnos de qué se quiere cambiar y por qué, para pensar entre todos qué sería lo mejor para nuestro país.

Partimos de una situación de crisis severa, que no se soluciona con parches, sino con cambios estructurales. Hay que cambiar el modelo y cambiar los hábitos. Para entendernos, no se trata de comer en un restaurante de menos lujos, sino de ir a Carrefour a comprar comida para todos. El Estado necesita una reforma profunda. Es urgente evitar duplicidades de cargos, simplificar la burocracia y sancionar a los que desvían fondos públicos. El nivel actual de deuda de las administraciones públicas no se sostiene. Cuando se gasta más de lo que se tiene, se genera una deuda que pagamos todos antes o después. Hasta aquí todos de acuerdo, parece que por fin lo vamos entendiendo.

Ahora vayamos al texto de la constitución, a lo que se quiere modificar. El artículo 135 habla de la Deuda Pública, en términos generales, claro. La letra pequeña y los detalles se regulan luego a través de Leyes Orgánicas. El texto actual dice así:

“Artículo 135:
1. El Gobierno habrá de estar autorizado por Ley para emitir Deuda Pública o contraer crédito.
2. Los créditos para satisfacer el pago de intereses y capital de la Deuda Pública del Estado se entenderán siempre incluidos en el estado de gastos de los presupuestos y no podrán ser objeto de enmienda o modificación, mientras se ajusten a las condiciones de la Ley de emisión”.
 

Tanto el punto 1 como el 2 se regulan y concretan por otra Ley. El techo de deuda ya lo reguló Aznar, y Zapatero lo suprimió en su primera legislatura.

Con la propuesta de reforma pactada por PSOE y PP, el artículo 135 quedaría así, más extenso y concreto. Y lanzo unas cuantas preguntas al aire:

¿Es estrictamente necesario modificar una Constitución, es decir, un acuerdo de mínimos al que llegamos después de años de debate y  mucho consenso post transición?

¿Hay algo del texto urgente de cambiar o que no se pueda cumplir?

¿No es más fácil modificar la Ley como ya se ha hecho anteriormente?

No parece justificada una reforma constitucional. Como mucho, puede ser conveniente, para que el equilibrio presupuestario se legisle con el mayor rango de ley posible, pero no es necesario y mucho menos gente. A menos que venga impuesta desde fuera, desde Europa, en cuyo caso se evidencia que estamos ante un Gobierno que no gobierna –nada nuevo por otro lado- y lo que es más grave, que la salud de nuestra democracia es bastante débil. Preocupante.

Termino con un extracto de la intervención de Rosa Díez en el Parlamento, que me parece tan acertada como precisa: “Las reformas han de hacerse desde la autonomía, no desde la imposición; desde la reflexión, no desde la improvisación; desde el respeto al debate público y la transparencia. Algunos dirigentes políticos piensan que someter esta  reforma a debate público puede ser “peligroso”. Pero es lo que tiene la Democracia, que si le preguntas a la gente, contesta, y si le dejas votar ni te cuento.

¿Control del déficit y del gasto público? Sí. ¿Sanción a quien no lo cumpla? Sí. ¿Consulta pública? Sí. ¿Debate público? También. ¿Reformas de la Constitución? Sí, pero estas no, sino las que necesita España para controlar nuestro despilfarro y evitar duplicidades”. Pues eso.

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