El milagro de los Cerezos en Flor


En un lugar extremeño, de cuyo nombre sí quiero acordarme, había un valle muy grande y bonito, surcado por las aguas del río Jerte. Además de la belleza natural, tiene la peculiaridad de que está inundado de cerezos. Miles y miles de árboles decoran cada ladera, cada finca.

Y cada primavera, como por arte de magia, estos árboles sobrios se tiñen de blanco porque llega el milagro de los Cerezos en Flor. Milagro, sí, aunque se repite cada año, y tiene explicación científica, no quiero acostumbrarme y dejar de sorprenderme ante lo fascinante de la naturaleza. También conocemos bien cómo nacen los niños, y me sigue pareciendo un milagro. Las flores sólo duran unos 20 días, y poco después, dejan paso al fruto. De mayo a agosto, el paisaje se tiñe de rojo cereza, picotas decimos en Madrid.

“Vámonos de picoteo”, dice un slogan de turismo que claro, también hay que explotar. Si yo fuera de ahí, llegaría a un acuerdo con Pachá, con su conocido logo del par de cerezas, para organizar una fiesta anual. Varios autobuses visitan la zona y cientos de excursionistas lucen sus 4×4 y sus buenas cámaras de fotos. Pero además de lo que está a la vista de todos, yo he tenido la oportunidad de adentrarme en las costumbres de sus gentes, que es lo enriquece estas escapadas, gracias a la familia López, a los que aprovecho para agradecer su cariño y hospitalidad.

Hace 20 años y aún antes, los árboles medían unos 8 metros y podían dar 2.000 kilos de cerezas o más cada temporada. ¡Increíble! Para recogerlas, los jornaleros tenían que subirse por las ramas cual Tarzán e ir recogiendo las cerezas rama a rama. De sol a sol y así durante cuatro meses. Esta operación requería personal cualificado (no todo el mundo puede subir tan alto con facilidad, apoyarse sólo con los pies en las ramas y usar las dos manos para recoger el fruto), aunque dicen que los de la zona no conocen la palabra vértigo. Hoy en día, con escasez de personal y para facilitar la tarea, se han talado los árboles más grandes, para convertirlos en 4 o 5 más pequeños, de unos 3 metros y unos 400 kilos de cerezas, de modo que casi cualquiera puede realizar el trabajo.

Cada kilo cuesta hasta 12 euros al principio de temporada, no porque sean mejores, sino simplemente porque hay pocas, es la ley del mercado. Después bajan hasta 3 €/kilo. El precio también varía por la calidad de la cereza, hay de muy distintos tipos, pero eso ya es para expertos. El veterano patriarca López, toda una personalidad, asegura que la fruta es buena o no tan buena dependiendo del sol que haya recibido, que les da la vida, y que por eso las últimas suelen ser muy buenas. Y yo añado que el sol también nos da la vida a los hombres, por lo menos a mí.

Hagamos la cuenta; Pongamos una media de 400 Kilos/árbol y 5€/kilo. Cada árbol se traduce en 2.000 Euros. Si cada finca tiene unos 50 árboles, entonces tenemos 100.000€/año. Claramente, una familia puede vivir de esto todo el año, sobre todo en los pueblos, donde los gastos se reducen considerablemente, y donde además buena parte de la comida procede directamente del campo, y no del supermercado. Porque sus gentes viven del cerezo, pero además tienen todo tipo de árboles frutales -naranjos, perales, manzanos, melocotoneros, olivos, almendros- y por supuesto una huerta con patatas, zanahorias, cebollas, tomates y lechugas. Aquí también hay pobreza, pero nadie pasa hambre. Puedes pescar truchas en el río, y ya si tienes ganado o animales de granja, comes como un marqués. Un auténtico autoservicio 100% natural y ecológico.

Con  lo urbanitas que soy, chica de ciudad, últimamente me estoy aficionando a la vida en los pueblos, eso sí, de visita nada más. Pueblos que no han sucumbido a la globalización, que se autoabastecen con los productos de la tierra, de vida dura pero tranquila. Se impone otro ritmo, otro valor por lo natural. Claro, ahí no pretendas destacar con las nuevas tecnologías. En dos horas de conexión no he conseguido subir una foto a mi Facebook, me dicen que por la lluvia. Ein?!? 

El Valle del Jerte está a unas 3 horas de Madrid, y puedes llegar por la carretera de La Coruña, pasando por Ávila o la de Extremadura, autovía desde Plasencia. Se sitúa en la parte Norte de la provincia de Cáceres, al sur de la Sierra de Gredos y al Este de las Hurdes. El río Jerte desemboca en el Alagón, que a su vez es afluente del Tajo. Este río, el más largo de España, termina su camino en Lisboa (Portugal).

En el Valle se sitúa la llamada Garganta de los Infiernos, un espacio protegido como reserva Natural, y ahí encontramos  10 pueblos: El Torno, Rebollar, Casas del Castañar, Cabrero, Piornal, Valdastillas, Navaconcejo, Cabezuela, Jerte y Tornavacas. Ninguno supera los 3.000 habitantes y se caracterizan por los miles de cerezos que cubren sus tierras. No son los únicos, -también encontramos estos árboles en Aragón, Alicante y al Sur de Francia-, pero sí los primeros en dar fruto cada año, gracias a su clima seco y soleado.

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